Hace unos días miré Dear John. No tengo una opinión definida de la película, quizás porque me colgué con los pensamientos que leerán a continuación...
Dos personas se aman y quieren estar juntas. Por determinados motivos, y por decisión propia o forzados por las circunstancias, deben separarse… o quizás ni llegaron a concretar su amor y ya saben que no podrán hacerlo.
A partir de este momento, en el que sus caminos se bifurcan, hay quienes logran salir adelante verdaderamente y hay quienes permanecen enamorados entre sí, hasta que es tal la sumisión ante esa realidad que deciden seguir adelante con su vida aceptando que ese sentimiento los acompañará para siempre. Forman una familia, tienen hijos, llevan vidas como cualquier mortal, pero en su fuero interno jamás es ni será lo que desearon o, mejor dicho, con quien lo desearon. De alguna manera, viven una farsa.
En primer lugar, creo que si dos personas quieren estar juntas de verdad —excepto que el impedimento sea la muerte— siempre hay una manera. No porque sea una romántica incurable y crea que el amor lo puede todo (que lo soy), sino porque creo en ser fiel a uno mismo y en el respeto a los demás. Si no pueden encontrarle la vuelta a la situación, entonces lo mejor que pueden hacer es seguir adelante, pero de verdad. Es algo que cualquiera en una situación así se debe a sí mismo, al otro y a los que pretenda utilizar para crear esa pantalla que encubrirá sus verdaderos deseos y sentimientos, que no tienen porqué ser víctimas de las decisiones ajenas.
Además de la evidente consideración hacia el otro, está la propia. Perdonen si me vuelvo un cliché, pero qué quieren que les diga, la vida es corta y hay que vivirla a pleno. De ninguna manera, quiero decir que olvidar es fácil, que aceptar que algo no puede ser es simple e indoloro. Nada más lejos de mí… Supongo y también sé que es un proceso increíblemente desgarrador en todos los sentidos. Pero simplemente considero que no hay otra opción, no podemos darnos el lujo de perder ‘demasiado’ tiempo sufriendo por algo que no es, que no puede ser ni será nunca… No tiene sentido. Porque, afortunadamente, todo está en nuestras manos y es cada uno el que tiene el poder de decidir qué hacer ante las circunstancias: intentarlo todo para estar con la otra persona, vivir una vida a medias o, por el contrario, hacerlo con honestidad...
